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Origen y retos de la Cuenta Satélite de Cultura para Panamá

05|Febrero|2021

Al final del siglo XX, el mundo de la cultura fue sido testigo del incremento significativo de estudios centrados en describir sus relaciones con la economía y el desarrollo. Hasta ese momento, los análisis enfocados en la medición de indicadores describían fundamentalmente los hábitos culturales de la población y ofrecían información preliminar sobre la oferta de productos creativos. Datos, como el número de libros publicados, total de películas distribuidas o incluso cifras sobre el número de establecimientos dedicados a la promoción de la cultura, en países como Argentina, Chile, Colombia y México eran periódicamente publicados, y se convertían en información clave para destacar la importancia de este sector.

 

Sin embargo y más allá de los ricos debates teóricos sobre la correlación cultura y desarrollo, hasta ese momento ninguno de los datos disponibles lograba describir los aportes de la cultura a la economía nacional. Inquietos por este desafío, académicos como el mexicano García Canclini, el español Jesús Martin Barbero, el colombiano German Rey, el brasileño Renato Ortiz, entre otros, en el marco del proyecto de investigación Cultura y Economía, promovido por el Convenio Andrés Bello, con la financiación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID), plantearon la necesidad de explorar una valoración económica para la cultura que se apropiara de los indicadores monetarios y no monetarios que utilizan sectores tradicionales tales como la manufactura o la agricultura. 

 

Fue así como, entre los años 2006 a 2009, la Organización del Convenio Andrés Bello decidió ir más allá e incorporar al debate expertos en contabilidad nacional. Para ello, se enriqueció el proyecto Cultura y Economía con la participación de técnicos expertos en contabilidad nacional, para que a partir del Sistema de Cuentas Nacionales (SCN), propio de la estadística social, apoyarán la formulación de la Cuenta Satélite de Cultura. Una expresión propia del lenguaje de la contabilidad nacional que resulta incluso exótica, pero con la que poco a poco los investigadores se han familiarizando puesto que se trata “de una opción que genera el Sistema de Cuentas Nacionales (SNC) para ‘ampliar la capacidad analítica de la contabilidad nacional a otras áreas de interés social (…) de manera flexible

 

Siguiendo este marco conceptual, el CAB presentó en el 2009 el Manual metodológico para implementar las CSC, el cual se convirtió en la carta de navegación para que los países de la región iberoamericana comenzarán a medir los aportes de su cultura a la producción, el empleo, el gasto público; así como resaltarán las exportaciones e importaciones de productos culturales. Posteriormente, en el 2015, se presentó una versión actualizada de la metodología, enriquecida de paso con recomendaciones prácticas para enfrentar los retos políticos, financieros y administrativos que implican la implementación de las CSC. 

 

Tras más de dos décadas de implementación de las Cuentas Satélites de Cultura (CSC), este sistema de información basado en el Sistema de Cuentas Nacionales ha incursionado la agenda política y académica de la región significativamente. A la fecha, México, Costa Rica, República Dominicana, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil realizan ejercicios de medición siguiendo las recomendaciones de la Guía del CAB y cuentan con datos sobre cuáles son los agentes que realizan actividades económicas de la cultura, con quién las realiza y a cambio de qué las realiza.

 

Sin duda, el adjetivo de “satélite” dejó de ser exótico para las carteras de cultura de la región y se convirtió en un sello distintivo que garantiza su capacidad para utilizar y adaptar los conceptos, definiciones, clasificaciones, reglas de contabilización, cuentas y tablas inherentes a las Cuentas Nacionales. Por supuesto, en cada país, la metodología ha sido un desafío para la organización de las estadísticas básicas, puesto que la estimación de la producción de las actividades culturales y la generación de datos sobre el gasto relacionado con la cultura, sus pagadores y de sus beneficiarios, en un momento y espacio determinado, requiere de un Sistema de Cuentas Nacionales (SCN) consolidado; así como de un sistema de información cultural constante en el tiempo. 

 

En el caso de Panamá, el interés por emprender el proceso de la Cuenta Satélite de Cultura se remota al año 2015, cuando el INEC contó con una consultoría internacional para definir el Diagnóstico, marco conceptual y metodológico y, propuesta técnica para la elaboración de los indicadores del sector cultural, con la meta de servir de punto de partida para la CSC. En este momento, el interés fue generar un primer análisis de las estadísticas culturales disponibles en Panamá hasta ese momento y proponer un Manual de procedimientos para construir el sistema de datos e información cultural de forma escalonada. No en vano, producto de ese ejercicio, se recomendó establecer un organismo de coordinación interinstitucional responsable de la generación de estadísticas sectoriales; conformar un equipo de trabajo y avanzar decididamente en “la recolección de información primaria, a través de la puesta en marcha de un módulo para la recolección de información sobre consumo, prácticas y formación cultural, mediante el diseño de una encuesta pertinente de ser incorporada a la Encuesta de Multipropósitos que actualmente se realiza en el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC)”.

 

Posterior a dicho ejercicio puntual, el proceso más contundente para avanzar en la construcción de la Cuenta Satélite de Cultura de Panamá (CSCP) se realizó por parte de MiCultura en el 2020, cuando la entidad solicitó ante el Banco Interamericano de Desarrollo el apoyo para la formulación de la metodología a través del “Programa de Promoción de la Competitividad y la Diversificación Económica”. Fue así, como desde octubre del 2020, se inició la consultoría para impulsar el Plan Interinstitucional para la CSCP, entre cuyos productos se destacan la formulación del Marco de Estadísticas del Ecosistema Creativo y se adelanta el diseño de la Metodología para la puesta en marcha de la CSCP. 

 

Diana Rey V. PhD
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